
En el centro de la imagen yo. (cómo no).
Cierro los ojos y me traslado a Francia.
Más aún. Rewind hasta el año 1961.
Me encuentro con un chico llamado Guy Roux. Está nervioso. Me habla
¿No crees que soy demasiado joven para esta responsabilidad? ¿Nadie ha tenido un cargo como el mío con sólo 23 años?
Antes de que pueda contestarle estoy en plaza nueva.
2005.
Celebración de la final de copa de 2005.
Alguno de los vándalos que ha tomado por diversión crear una "hoguera de vallas de seguridad, contenedores de basura y carritos de la compra" viene a golpearme.
No sé ni porqué.
Veo una luz.
Es un cámara de Localia.
Me ha salvado, ha conseguido que la gente se le echara encima para "salir en la tele" y el círculo que se había formado para que el susodicho viniera y me matara ha desaparecido quedando yo fuera del alcande del mismo.
Le pregunto a un amigo que qué ha pasado.
Quillo estabas ahí quieto mirando al infinito y el tío tropezó contigo. Al no decirle nada y seguir mirando palante, el nota te dijo que si eras tonto y se lió parda
El fútbol es incoherente, pienso.
Quizás no, me contesta Roux.


Quizás no. Quizás la pregunta sea ¿a quién se le ocurre quedarse en la parra en un contexto así, con la de canis (liantes) que hay en esta ciudad?
Pero eso es a parte. El tema es mucho más grave. Es un problema social que alcanza niveles incoherentes. No entiendo por qué hay que celebrar lo mismo tantas veces, ni por qué "se para el mundo" en torno a estos acontecimientos. No entiendo por qué hay que enseñarle la nueva copa al presidente de la comunidad, ni lo que me parece peor aún, por qué el señor Chaves hace hueco en su agenda para esta circunstancia.
Mientras no se le dé a cada cosa el valor que socialmente debe tener, esto seguirá siendo un desmadre.
Mientras un jugador de "fúrgol" no cobre lo mismo que un albañil me niego a tener que ver nada con este deporte excepto por jugarlo los domingos por la tarde con los amigos.