Una vez, una amiga que echo mucho de menos, me contó una historia. Y necesitaba escribir para desahogarme. Era sobre la mujer que limpiaba en su casa, que era más una madre o una abuela...la escribí en primera persona aunque no me sucedió a mi, sino a ella:

Pepa no sabía leer ni escribir. Pero era tan buena... seguramente no he conocido a nadie tan bueno. Con 20 años se casó. Su marido la maltrataba. Tuvieron un hija. Él, en una de sus incontables e impunes palizas, la mató. Pepa huyó -no sé cómo, pues no sabía leer ni escribir- a Barcelona. Al poco de llegar y tras haber conseguido trabajo limpiando escaleras, su marido la encontró. Y la trajo de vuelta a Sevilla. Afortunadamente para ella un día él se fue con otra.

Pepa fue conocida en todos los barrios dónde vivió. Era una persona tan cariñosa y tan afable... ¡la gente la saludaba desde los balcones! Un día comenzó a trabajar en mi casa de tata. Se convirtió en una especie de abuela para mi. No así para mis padres, que apenas la trataban como una criada. Aunque no se puede esperar mucho de ellos, personas que cuando sale algún político de izquierdas, se ponen a hacer cortes de manga al televisor -como si este tuviera culpa-, o que cuando ganó el PP hicieron una fiesta. Sin ir más lejos, hace una semana mi padre me repetía que yo era una "etarra" por apoyar las convicciones de Julio Medem...

Hacía tiempo que pepa vivía sola. Ninguno de mis hermanos -y mis padres, por supuesto tampoco- iban a verla. El día en que me fui a vivir a londres Pepa lloró. La verdad es que no podría contactar con ella de ninguna forma, pues no tenía teléfono. Pepa vivía en su mundo. Creo que no entendía muchas de las cosas que veía en la tele y a su alrededor. Y se manejaba con muy pocas palabras. Pero no le hacía falta más, siempre sonreía, nunca se quejaba de nada, todo le parecía bien. Era muy ingenua...

Hace unos meses volví otra vez a vivir en Sevilla. Pero en navidades, decidi marcharme a ver a mis amigos a Londres. Justo antes de irme, Pepa se puso mala de gripe. Para que no se sintiera sola, le pedí a mis hermanos que la invitaran a mi casa a pasar el fin de año. No lo hicieron. Al volver yo, me enteré por mi madre de que la gripe se le había agravado. Pero claro, con ella nunca podía saberse...no le gustaba ir a los médicos y muchas veces se ponía enferma y se recuperaba tomándose
su miel con limón y estando en casita. Aunque esta vez se quejaba algo más de lo normal y decía que le dolía un poco el pecho.

Hace 2 semanas la ingresaron. Los médicos le detectaron un cáncer terminal. Dijeron que nunca habían visto nada igual, se había extendido por todas las partes del cuerpo menos por el corazón. Había tenido una serie de las infecciones más dolorosas que pueden haber a lo largo de un año...pero no se había quejado. No podía creerlo. Iba a morir. Me sentí culpable de no haber pasado más tiempo con ella. El deterioro fue progresivo e irreparable. No podía ingerir alimentos y tras varios días sin comer nada, tuvieron que crearle un ano artificial a la altura del abdomen. Dio igual, sus órganos se iban pudriendo poco a poco. No tenía nada que defecar y lo único que salía por allí era un líquido negro, probablemente sus órganos.

Unas amigas de su barrio vinieron a verla. Apenas podía hablar ni moverse, pero en cuanto las escuchó, su cara cambió el gesto y se le notaba una sonrisa. Tras preguntarle varias veces ellas que como estaba, pudo decir, como si una de sus gripes de miel y limón se tratara: "mejor!". En los últimos días perdía la respiración en intervalos de 15 segundos. Los ojos se le volvían para atrás y de repente pegaba un respingo como si fuera a dar su último aliento. Casi al final, su voz estaba quebrada, como moribunda... No quiero imaginar el dolor que pasó durante tanto tiempo. Sola.

Ayer al mediodía pepa murió. Y una parte de mi con ella. Adiós, pepa.