Consumo, luego existo.

Uno llega a una tienda. Y espera que le ofrezcan un producto. Que le expliquen cuales son las diferencias entre unos y otros. Que le asesoren. Que le aconsejen al fin y al cabo para elegir mejor...¿sucede eso? En mi estadística de ayer, día "víspera de Reyes" es que de un total de 25 establecimientos, solamente en UNO me atendieron adecuadamente. Cierto es que muchas de estas tiendas cuentan estos días con personal de refuerzo, que por lo general suelen ser estudiantes en busca de un alivio económico, y que por lo tanto no tiene porqué saber las prestaciones de unos u otros productos. Pero el colmo vino en la floristería:

- Hola, quería una planta para mi madre...
(cómo mínimo yo sabía que me tendrían que indicar si exterior o interior, sensibles a la luz o no, qué frecuencia de regado...no sé, ¿lo mínimo?

- Pues lo que hay es lo que ves
("lo que hay" era una selva indescriptible de la que ni siquiera Tarzán habría distinguido entre unas y otras)

- Si bueno, pero...¿me podría indicar las diferencias entre unas y otras?

- Pues mire...estas de aquí son muy delicadas -señala como quien da el tiempo por la tele, en una dirección que podría ser a un metro de tí o a tres manzanas...- y aquellas son rojas...

¿Aquellas son rojas? pensé. ¿AQUELLAS SON ROJAS? Es como el comentarista que "comenta" lo mismo que estamos viendo. Ya sé que es roja señorita, ahora le importaría decirme, ¿cuántos dedos ve en mi mano?

Desidia en la atención: cultura de servicio española.

Seguimos en el capítulo 3.